Gestión de riesgos en proyectos de infraestructura
Identificar, evaluar y gestionar riesgos permite reducir desviaciones de plazo, costo y alcance en proyectos de infraestructura pública.
Todo proyecto de infraestructura pública enfrenta riesgos. Algunos son técnicos, otros legales, financieros, sociales, ambientales o administrativos. La diferencia entre un proyecto ordenado y uno problemático no está en la ausencia de riesgos, sino en la capacidad de identificarlos temprano, asignarlos correctamente y gestionarlos antes de que se conviertan en crisis.
La gestión de riesgos comienza desde la formulación del proyecto. Si se identifican tarde, cuando la obra ya está en ejecución, las soluciones suelen ser más costosas y lentas. Por ejemplo, una interferencia no detectada, un expediente técnico incompleto, una licencia pendiente o una restricción predial pueden paralizar actividades, generar ampliaciones de plazo y abrir la puerta a controversias contractuales.
Una matriz de riesgos bien trabajada no debe ser un documento decorativo. Debe indicar el riesgo, su probabilidad, su impacto, el responsable de gestionarlo, las medidas de mitigación y las alertas de seguimiento. Además, debe actualizarse durante el ciclo de vida del proyecto, porque los riesgos cambian conforme avanza la contratación, la ejecución y la operación.
La correcta asignación de riesgos es un punto central. No todo riesgo debe trasladarse al contratista ni todo riesgo debe quedarse en la entidad. El criterio más razonable es asignar cada riesgo a la parte que esté en mejor capacidad de gestionarlo. Cuando la asignación es injusta o poco realista, el contrato puede parecer fuerte en el papel, pero débil en la práctica.
La gestión de riesgos también exige cultura organizacional. De nada sirve tener alertas si los equipos no las comunican o si las decisiones se postergan por temor. En infraestructura pública, prevenir suele ser menos visible que resolver una crisis, pero es mucho más eficiente. Un equipo que reporta riesgos a tiempo protege el proyecto y mejora la calidad de la decisión pública.
En conclusión, gestionar riesgos no es ser pesimista; es administrar con responsabilidad. La infraestructura pública necesita plazos realistas, presupuestos sostenibles y decisiones basadas en información. Cuando los riesgos se identifican y se gestionan de manera técnica, el proyecto tiene más posibilidades de cumplir su propósito y generar valor para la ciudadanía.
Manuel Francisco Soto Gamboa
Abogado & Especialista en Gestión Pública y Contrataciones del Estado
Abogada con amplia experiencia en administración pública, derecho administrativo, adquisiciones para infraestructura y diseño de políticas de integridad, trazabilidad y control gubernamental.
Artículos Recomendados
Más sobre la sección infraestructura & anin